domingo, 11 de enero de 2015

Gente extraordinaria: Cinta, Julián, Mathías y Juana

Historias del Cementerio de San Carlos

Recuerdo vagamente a Julián, hijo del comandante de marina que vivía en esa calle larga que discurría pegada a las murallas merinidas. Era un joven alto y apuesto, con un futuro muy prometedor en la Armada Española. De vez en cuando le veíamos aparecer por el barrio, embutido en su uniforme de alférez de corbeta, del brazo de Cinta, su novia, una chica de ojos verdes y soñadores que vivía más abajo, en una casa con jardín. Cinta no cabía de gozo cada vez que Julián llegaba a Ceuta…

…pero dos meses antes de la boda, Julián se sintió enfermo. No sé qué tipo de cáncer fulminante le afloró que le pronosticaron muy poco tiempo de vida.

Es verdad que hay gente extraordinaria. Se casaron en el hospital cuando el pobre no podía más. Y lo hicieron libremente porque se amaban y porque se lo habían prometido mutuamente. Lo hicieron a pesar de no tener futuro, a pesar de la postración, a pesar del dolor…

Cinta no volvió a tener compañero. Fue, y es, una viuda joven a pesar de sus cercanos setenta años. Me gusta encontrarla de vez en cuando por la calle y recordar que hubo un tiempo en el que compartimos el mismo barrio, en una pequeña ciudad de África. Nunca hablamos de su circunstancia vital, y yo siempre la veo como un ser humano extraordinario.


He recordado a Cinta mientras leía el Libro de Defunciones del Hospital de San Carlos del año 1820. Por aquellos años, los difuntos de ese hospital se enterraban en un cementerio que habilitaron para sus fallecidos… aunque popularmente en San Fernando (Cádiz) se llame a ese viejo camposanto Cementerio de los Ingleses.

Transcribo libremente (para mejor comprensión) las dos anotaciones consecutivas que hace el capellán el día 26 de Diciembre de 1820 sobre un matrimonio realizado in extremis, no por amor, sino por miedo al castigo eterno a consecuencia del haber vivido amancebado con una viuda… Tres horas y un cuarto les duró el matrimonio. Poco precio para una eternidad en la gloria celestial.


En veinte y seis días de Diciembre de este presente año de mil ochocientos veinte, yo, fray Manuel Rodríguez, capellán de este Hospital Militar Nacional de San Carlos, vista la licencia que a nombre del Rey daba el señor Intendente de Marina, oído el dictamen legal de auditor para que don Mathías Anejo y Rada, oficial segundo retirado del Ministerio de Marina, contrajese matrimonio con doña Juana Rodríguez, viuda de Juan de Luna, para tranquilizar de este modo su conciencia, y no ser por eso reo ante el tribunal de Jesucristo, cuyo momento final el mismo decía se acercaba; pasé a la sala de oficiales acompañado de los facultativos, el señor Contador y otros señores, y explorada por mí la voluntad del dicho don Mathías Anejo y Rada, y ver que se hallaba en cabal y perfecto conocimiento a pesar de su gravedad extrema, desposé a la dicha doña Juana Rodríguez con las palabras de presentes según el orden de la Santa Madre Iglesia Católica, siendo el citado don Mathías hijo de don Felipe y de doña María de Rada, natural de la ciudad de Burgos. Fueron testigos de dicho matrimonio don José Hemebuise, coronel de los Ejércitos nacionales, don Francisco Guiral, Teniente de Navío; don Antonio Sánchez, Enfermero Mayor; y don Manuel Pedraja, Cabo de Sala. Y para que conste lo firmo en el dicho día, mes y año up supra.

Fr. Manuel Rodríguez / Capellán de Guardia

En veinte y seis días del mes de Diciembre de este presente año de mil ochocientos veinte falleció en este hospital militar Nacional de San Carlos, a las once menos cuarto de la noche, don Mathias Anejo y Rada, oficial segundo del Ministerio de Marina de este departamento, de estado casado con doña Juana Rodríguez, viuda de Juan de Luna, el cual se desposó a las siete y media de la noche del mismo día; es hijo de don Felipe y de doña María de Rada, y natural de la ciudad de Burgos. Recibió los Santos Sacramentos y testó. Y para que conste lo firmo en fecha up supra.

Fr. Manuel Rodríguez / Capellán de Guardia