miércoles, 10 de diciembre de 2014

Lo bello en un muro de cementerio

En el cementerio de los ingleses, Isla de León. 
Un atardecer de otoño.

Los cimientos del viejo cementerio están construidos a escasos centímetros del mar. De hecho, cuando la marea está alta, el agua lame todos los días una de las esquinas del viejo cementerio, precisamente la que se ha desplomado por completo. Son cimientos siempre húmedos, encharcados de agua salada.

Y sobre esos cimientos del camposanto crecen, sin ningún tipo de aislamiento, los muros que rodean el solar. No existen impedimentos para que el agua del subsuelo ascienda por capilaridad a través del muro perimetral hasta una línea que suele ser paralela al suelo. Línea que es el límite máximo de evaporación de la humedad ascendente… y para formar esa línea se establece una competencia feroz entre la presión hidráulica de la capilaridad, el diámetro de los poros, la fuerza de la gravedad, a tensión superficial del agua, la saturación de la disolución, la densidad y viscosidad del líquido que asciende, y no sé cuantos parámetros más con el resultado de una línea máxima de evaporación paralela al suelo del viejo cementerio. ¡Qué pena no saber con claridad las cosas que suceden!

Cementerio de los ingleses, Isla de León.
Bellas formas aleatorias en la degradación del mortero de cal

¿Quién dijo que no hay belleza en la química, si es químico todo mecanismo de percepción de la belleza?

Esa agua que asciende por capilaridad a través de la argamasa de cal y arena —también a través del mampuesto—, provoca lentos pero constantes procesos químicos. Se disuelven las sales solubles provocando micro oquedades. Se hidrolizan otras (en el mortero, el carbonato de calcio insoluble se rompe y transforma en bicarbonato, soluble, que es arrastrado) Y, finalmente, cuando se evapora en una línea paralela al suelo, ocurre la precipitación de todas las sales disueltas, que provocan a su vez eflorescencias externas y, si cristalizan en el interior del material, producen un efecto cizalla que rompe el mortero y la piedra.

El proceso químico provoca una degradación progresiva de los materiales más susceptibles de ello, de forma no uniforme, y produce formas aleatorias en la superficie del viejo enlucido. Formas que a veces nos sorprenden por su belleza, aunque estén en las paredes de un viejo cementerio.

Aunque no sea su propósito, los grafiteros ayudan a realzar
la belleza de las formas aleatorias del mortero

Y así es como, poco a poco, el mortero pierde su carácter aglomerante, la arena se desmorona y, ayudado por la lluvia y el viento, se cae en enlucido exterior descarnando la piedra. Al mismo tiempo que la argamasa pierde sus propiedades mecánicas, la roca ostionera o el ladrillo van dejando de estar trabados y la conclusión del proceso es evidente: la parte inferior de los muros del cementerio se desmoronan, y progresan a partir de un pequeño agujero en el mismo…

…pero mientras caen tenemos una sorpresa visual en sus paredes. En los muros del viejo cementerio no aparecen retorcidos fantasmas, son bellas formas aleatorias, consecuencia de leyes físicas y químicas, producto de la naturaleza para disfrute del que pueda y sepa verlo... mientras duren.