viernes, 22 de septiembre de 2017

El extremo que blasfemó en un partido de futbol



Nueve de febrero de 1941, en la España del 5º Año Triunfal. Campo de fútbol “Madariaga”, San Fernando. Juegan el Club Deportivo Arsenal de San Fernando y la Real Sociedad San Carlos de Cádiz. Durante el primer tiempo el  extremo derecha de la R.S. San Carlos falla una clarísima ocasión de gol, y no se le ocurre otra cosa al pobre chaval que soltar un sonoro me cago en dios que, por encima del griterío general, llegó a oídos del celoso policía que vigilaba el orden público desde la banda.

Imagen del antiguo estadio Madariaga de San Fernando. (c) Foroazulino.com

¡Pobre chaval! No lo podía saber, pero sólo trece días antes, el Subsecretario de la Gobernación había enviado una circular a los gobernadores civiles de todas las provincias de España en la que reflexionaba sobre «…la punible laxitud en los resortes de la Autoridad, paralela a un aflojamiento de los ideales religiosos» que había permitido que la gente usara palabras soeces y murmuraran públicamente contra las autoridades «…lacra de las conversaciones de corro, café o tertulia». Pero sobre todo, el señor subsecretario estaba muy preocupado por la mayor de las maledicencias posibles, las que se dicen «…contra el Cielo profiriendo blasfemias que lleva injuria para Dios o sus Santos». No le gustaba al hombre que sus convecinos blasfemaran abiertamente. No señor. Y añadía en su circular que «…para extirpar en su raíz estos sedimentos de ponzoña, reliquia de pasados achaques, los Gobernadores Civiles […] desplegarán el mayor celo en la vigilancia y una acentuada severidad en el castigo de la […] blasfemia, aunque no produzca escándalo público, decretando arrestos e imponiendo multas con toda la amplitud que permiten sus facultades gubernativas». O sea… 

El cuatro de febrero la circular llega al alcalde de San Fernando y Jefe Local de la F.E.T. y de las J.O.N.S., José Quetar. Que a su vez la remite al jefe de la policía y al comandante de la Guardia Municipal, para que tomen buena nota y actúen celosamente en consecuencia…

…es entonces cuando el pobre extremo derecha de la R.S. San Carlos falla un gol cantado y se caga en dios. Podía haberse cagado en todos sus propios muertos, pero no, se cagó en dios. En rigor —perdonen ustedes lo escatológico del asunto— no se indica en todo el expediente en qué dios se caga el extremo derecha. Al fallar un gol cantado la blasfemia debe ser rotunda y concisa para que consiga el efecto de relajación que se busca. No es esperable que el blasfemo concrete nada más… me cagó en el dios Astarté de los fenicios, por poner un ejemplo, resulta demasiado largo y pierde efecto. Cagarse en dios de manera inconcreta en lo más socorrido.

Pero el policía, dando por hecho que se cagaba en el dios católico de todos los españoles (tampoco atiende al detalle de si lo hace en el padre, en el hijo o en el espíritu santo), lo denuncia…

Iltmo. Sr. Alcalde de San Fernando:

Tengo el honor de poner en conocimiento de V.I. que el partido celebrado en el día de ayer en el campo de Madariaga entre los equipos C.D. Arsenal y R.S. San Carlos de Cádiz terminó sin novedad alguna, si bien debo significarle que durante el primer tiempo uno de los jugadores del de San Carlos de Cádiz, blasfemó de Dios en voz alta, procediendo a tomarle su nombre una vez terminado el tiempo por si estima V.I. imponerle una sanción.- El individuo denunciado dijo llamarse JOSÉ GÓMEZ PIÑERO, y que su domicilio era en la R.S. de San Carlos de Cádiz.-

Por Dios, España y su Revolución Nacional Sindicalista.

San Fernando 10 Febrero 1941
El Agente Jefe


No se hable más. El señor alcalde impone al blasfemo una rotunda multa de cien pesetas «por alteración del orden y decoro público, blasfemando en voz alta contra el Santo Nombre de Dios durante el primer tiempo del partido de futbol celebrado el día 9 del actual en el Campo de Madariaga…». Acto seguido envía la notificación de la multa al señor alcalde de Cádiz, para que localice al blasfemo y se la entregue. El pobre José Gómez Piñero recibe la notificación el 18 de febrero. A partir de ese momento, tiene diez días para pagar las cien pesetas.

Pero, como errar es de humanos, la policía advierte un error involuntario «…por parte del Sr. árbitro de dicho partido al emitir el nombre del jugador extremo derecha que blasfemó de DIOS en voz alta durante el primer tiempo, debo significarle que habiendo dado el nombre de JOSÉ GÓMEZ PIÑERO como el jugador alineado por su club, y resultando haber jugado en su puesto el JUAN GALINDO MORA, verdadero blasfemo en el día citado, debe imponérsele la sanción correspondiente a éste último, y no al expresado Gómez Piñero que fue al que se propuso…». Todo esto sin entrar en el posible conflicto deportivo de jugar uno en lugar de otro…

Como el nuevo blasfemo también era vecino de Cádiz, se vuelve a pedir al alcalde de la capital que lo localice y le haga entrega de la multa. Acusa el recibo el 27 de febrero… pero pasa el tiempo y el blasfemo no paga. ¡Eso cómo va a ser! ¡Nadie se va a reír de las autoridades que han ganado una guerra contra las hordas marxistas! Y menos un blasfemo que, además, falla un gol a puerta vacía. ¡Nos vamos al Juez de Municipal para que ponga orden y lo embargue!


Alcaldía de de San Fernando
Sección 2ª Negociado 2º
Orden Público / 472

Con fecha 21 de febrero último y bajo el nº 127, impuso esta alcaldía al jugador de futbol D. JUAN GALINDO MORA, vecino de Cádiz, con domicilio en la calle Isabel la Católica nº 19, multa de CIEN PESETAS, por alteración del orden y decoro público, blasfemando en voz alta contra el Santo Nombre de Dios durante el primer tiempo del partido celebrado el día 9 del expresado mes en el campo de Deportes de Madariaga, sito en esta localidad.

Y comoquiera que, recibida por el interesado la notificación respectiva el día 17 del indicado mes de febrero, y transcurridos con exceso, diez días desde aquella fecha, sin que la haya hecho efectiva, requiere de V.S. [Juez Municipal de San Fernando] para que proceda a su exacción por vía de apremio, siendo adjunta la citada notificación.

Por Dios, España y su Revolución Nacional Sindicalista.
San Fernando, 13 de marzo de 1941
(Rubricado por el alcalde José Quetar)


Pero el juez no hace puñetero caso al alcalde. Y, éste, al cabo de un mes (el 14 de abril) reitera su petición de apremio y añade «…y como hasta el presente no se ha hecho efectiva en esta Alcaldía la multa de referencia […] no obstante haber transcurrido con exceso treinta  días de su fecha, se lo reitero, esperando merecer de la reconocida atención de V.S. se digne corresponder al mismo a la mayor brevedad posible, a sus debidos efectos».

Pero tampoco le hace caso el juez. A lo sumo, los funcionarios anotan al margen del documento, que el juzgado lo devuelve el 5 de mayo indicando que el pago de la multa lo tramite la alcaldía de Cádiz…

En vista de la situación, al día siguiente el alcalde establece un nuevo camino para cobrar la multa, y deja dicho «que, puesto que la denuncia fue producida por la policía, hiciera ésta la gestión cerca de la de Cádiz, a fin de que a la mayor brevedad, hiciera el interesado efectiva la multa en el papel de pagos municipal…». A continuación hay una siniestra anotación al margen del documento que dice: «…nota entregada el día 7-5-41 en la Policía, a D. Enrique [García Escribano], quien llamó por teléfono al Sr. Macía, de la Comisaría Cádiz, para que le trajeran al multado…»

¡Que le trajeran al multado! No sabemos qué pasó en ese encuentro, ni de qué hablaron el policía de San Fernando y el blasfemo de Cádiz, pero a los pocos días el alcalde de la capital comunica al de San Fernando que el sujeto había pagado la multa.

Es lo que tenía vivir en esa España de 1941 —que era Unidad de Destino en lo Universal y Reserva Espiritual de Occidente—, que se podía torturar y llenar las cunetas con rojos asesinados. ¡Pero, por Dios, blasfemar no!


viernes, 8 de septiembre de 2017

Exhumación



Hay un cráneo humano en el fondo de la fosa. Tiene un tiro de gracia en el parietal izquierdo. Está inmóvil, con la quietud de cadáver viejo. Imagino la emoción de Asun, rodilla en tierra, cuando pasa la brocha por encima, quita la última capa de tierra amarilla y lo ve aparecer…

Origen de la imagen: Fosa de Puerto Real(Cádiz) / Relatoras Producciones / @RelatorasProd

…imagino el alarido de angustia escapando por ese orificio de bala después de ochenta y un años atrapado. El alivio de una claustrofobia de tumba terrosa que oprime el alma. Soy capaz de sentir el aire fresco que le inunda después de lustros de putrefacción. Me hace feliz imaginar la explosión de libertad y la gratitud a raudales que fluye del orificio. Imagino el cuerpo hablando y riendo a borbotones a través de él. Y comprendo muy bien cómo el hueso muerto agradece las caricias que le ofrece Asun, aunque sean roces con una brocha. Podría ser el abuelo de su madre, por eso hay una lágrima viva que se le escapa a la joven y humedece el cráneo seco de tanto esperar. El de Asun es el primer gesto humano que recibe el muerto después del brutal disparo asesino…

…el asesino. Es lo primero que veo cuando me enseñan la foto. Me habría gustado empatizar con la víctima desde el principio, pero no ocurre así. Lo primero que imagino es al criminal fascista sintiendo un placer reptiliano con la detonación del disparo recorriendo su cuerpo; y, cerrando el éxtasis de placer animal, lo imagino oyendo el impacto seco del proyectil perforando la cabeza. Rojo maricón de mierda, ríete ahora…

¿Quién coño disparó? ¿Quién? Me gustaría ver su cara porcina para odiarlo más, pero no es eso lo que debo sentir. Y hago un esfuerzo para pasar página porque hay que pensar diferente si queremos superar la diferencia. El problema es que sabemos quiénes dispararon. Sabemos incluso sus nombres… pero callamos por respeto a los hijos de los hijos de los criminales. Ya no estamos en ese tempo. Callamos porque lo que buscamos no es venganza, buscamos liberar a esos hombres de la tumba de cal y zahorra, y  recuperar para ellos la dignidad que le arrancaron. Ha pasado mucho tiempo y lo que nos mueve, aunque se nos revuelvan las entrañas, es Perdonar lo imperdonable (1)

Hay otros cuerpos junto al cráneo de Asun. Sus compañeros en la tierra húmeda están tirados en la misma fosa común, y sus restos hablan, aunque sigan inmóviles y callados. Cada hueso es un receptor de las injusticias que recibieron. Cada fragmento explica, en cada uno de sus detalles, los  dardos de odios disparados en vida. Cada cuerpo es un emisor de la culpa que otros no pagaron, por eso los asesinos y sus herederos ideológicos, y los que entienden a los asesinos, y los tibios, y los defensores de la equidistancia (todos cometieron crímenes horrendos) no los quieren fuera de la tumba; los prefieren tapados y olvidados en las cunetas. Les aterra las cuencas vacías y el dedo descarnado que les apunta desde la fosa abierta. Por eso dicen que hay que dejar a los muertos en paz… porque no podrían sostener su mirada hueca.

Hemos sacamos de la tumba a los tres primeros. Bajaron a la fosa los técnicos y el forense, para estar junto a los restos. Los demás, familiares y amigos, arriba, rodeando la fosa. Todos en silencio, que hasta se percibía la caricia de la brocha perfilando cada hueso antes de extraerlo de su lecho. Hablábamos en susurros… estamos viviendo una realidad que no existía, decía Paco. Al padre de Paco se lo llevaron y lo asesinaron contra la pared del cementerio, justo ahí detrás, a diez metros. Y aún nadie sabe por qué. Tengo ganas de llorar, jolines, me dice Ana. Al abuelo de Ana lo trajeron ya muerto del Penal… no era político, ni militar republicano, ni sindicalista, ni nada. El abuelo de Ana vendía espárragos y tagarninas en el Puerto de Santa María, mientras en Pruna (Sevilla) su difunta madre dejó alquilado un caserón a unos masones… por eso mataron al abuelo de Ana, porque su madre alquiló una casa a unos masones. Y por eso Ana tenía las lágrimas a flor de piel esa mañana

…pero esos cuerpos no sólo hablan a los familiares directos como Ana o Paco. Ni sólo susurran a los que expurgan la tierra. Ni sólo emocionan a los que se asocian para sacarlos. Esos cuerpos ni siquiera pertenecen a los que pagan los gastos… los huesos que hoy liberamos pertenecen a la historia de este país, y de nada sirve mantener sus historias en un cajón a la espera de oportunidades mejores. Las cuencas vacías tienen derecho a mirarnos a todos, tristes, pero altivas. Hoy. Ya. Sin esperar a mañana.

Sí… no sólo exhumamos a los tres primeros represaliados por el franquismo en mi pueblo. Sacamos a la luz una esquirla del genocidio español y comenzamos a cumplir un compromiso mil veces contraído por las víctimas silenciadas: ¡Cuando yo muera, prométeme que seguirás buscando a tu padre!

Hoy, aquí, hemos comenzado a cumplir la promesa.





(1) Perdonar lo imperdonable -Claudia Palacios- es una crónica de la reconciliación colombiana después del largo conflicto armado.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Anika

Este artículo se publicó en La Voz del Sur

Anika tiene cinco años y nació en el primer mundo. No elegimos nacer en un sitio u otro, simplemente aparecemos por aquí. Y, aunque ella no lo sabe, es una privilegiada por haber nacido en ese lugar. Viéndola crecer me parece que nuestra tarea, como familia que la sostiene y como sociedad que la ampara, sería educarla para que piense por sí misma. Yo no sé muy bien cómo se hace eso, pero habría que hacerlo. Tal vez así, Anika llegue a tomar conciencia de su privilegio y, seguidamente, tal vez —sólo tal vez— desarrolle una capacidad crítica que le lleve a adoptar un compromiso con su mundo: luchar activamente por una sociedad más equilibrada. Es decir, por una sociedad en la que cualquier hombre, nacido en cualquier lugar del mundo, tuviera las mismas oportunidades de alcanzar un mínimo de felicidad. No sería una felicidad estandarizada, como nos gusta pensar a los occidentales, pues cada pueblo tiene su propia idea sobre qué cosa debe ser la felicidad. Ya sé que es una entelequia aspirar a que los privilegiados se comprometan a compartir  sus privilegios… sería muy difícil, cierto, pero sería drásticamente honesto. Y honestidad es algo que necesitamos en la sociedad que hemos construido…



…pero educar a los hijos es tarea compleja cuando las influencias extrañas a la familia son más potentes, más atractivas y masivas. Me temo que esas influencias tienden a diseñar sociedades aculturadas, acríticas y sumisas. La vulgaridad y la simpleza del pensamiento es el devenir inevitable de la sociedad capitalista que nos gobierna. Es el pan y circo de cualquier historia. Es el soma para los epsilones de Huxley. Los televidentes no se movilizan porque la realidad que se les muestra es amable y fácil de asimilar y, sobre todo, porque no hay motivos para cambiarla. Los durmientes no molestan, sólo calientan el skay y hablan de fútbol, carnaval o Semana Santa. Los consumidores cumplen con la tarea diseñada para ellos… y así el mundo sigue girando la mar de bien para los pocos que lo manejan. Es un fracaso para cualquier generación que sus hijos acaben pensando que el éxito es pagarse sus propias cervezas y olvidarse del mundo. Uno piensa que sería estupendo despertarlos.

Sí… es lo que uno piensa sentado a la sombra de don José Enrique Varela, bilaureado general español, conspirador contra la II República, represor de masones, receptor de sobornos británicos; aceptador de casa, jardines y monumento ecuestre sufragados con el expolio de sus miserables conciudadanos, y un ejemplo pésimo para las nuevas generaciones…

…discurre a la sombra de Varela gente amable. Es la gente de una pequeña población del sur. Hombres y mujeres preocupados de sus pequeñas cosas, que son las más importantes para cada uno de nosotros. La gente aspira a vivir en paz con sus vecinos y, la realidad es que, para casi todos nosotros el mundo se termina detrás de la siguiente esquina. No llegamos a entender las grandes causas cuando, por ejemplo, tenemos mala salud o no hay dinero para llegar a final de mes. Lo que pase más allá de la esquina no es mi asunto, es otra gente, es otra dimensión. Que cada palo aguante su vela, porque uno tiene suficiente con atender sus propios problemas. Es la sociedad despojada de su poder, atomizada y ensimismada en su propio ombligo. Es una sociedad derrotada y sin conciencia. ¡Prueba superada! Han conseguido que ese comportamiento sea el normal, el que nos dicta el sentido común que han diseñado para nosotros. Y así, desgraciadamente, no hay forma de cambiar el mundo, ni siquiera la realidad más cercana a cada uno de nosotros.

Por eso Anika —y todos los de su generación— deberían crecer con su propio pensamiento. Si es así podremos tener una posibilidad de que tal pensamiento les haga ser críticos con su realidad. Y si lo consiguen, tal vez se impliquen todos en la tarea de cambiarla.


Sería la demostración de que aún tenemos esperanza, como pueblo y como especie.

domingo, 27 de agosto de 2017

Caminar por las cunetas pisoteando historias

Este artículo se publicó en La Voz del Sur - Cádiz

Decía Angelik que pasear por las cunetas españolas es como ir pisoteando historias nunca contadas… porque hay muertos bajo los caminos con historias atragantadas en la garganta; que son sartas de palabras mezcladas con un gorgoteo de sangre. Don Manuel de Sancha estaba gritando ¡Viva España! cuando sus propios compañeros de armas abortaron su proclama con plomo. Y don Enrique Paz Pinacho gritaba ¡Viva Azaña! cuando lo silenciaron en seco al tiempo que un pobre (o miserable) militar gritaba ¡Apunten! ¡Fuego! Son historias que no se contaron y que siguen sepultadas en los caminos y en las fosas comunes del holocausto español.

Fosa común en el cementerio de Puerto Real

Decía Angelik que cuando pisas las cunetas españolas solo se oye un silencio de boca apretada de tanto querer gritar historias y de tanto miedo a decirlas en voz alta. Que mataron las historias de un balazo y las mujeres se las callaron y se las tragaron empapadas en llanto, y su dolor quedó fijado en las cunetas y en las fosas anónimas mientras cobijaban a sus hijos con un manto de silencios. Y tanto callaron que muchos de esos hijos no supieron que sus padres eran fusilados. ¿Qué es un fusilado, abuela? Los dejaron sin raíces y sin suelo. Ellos, los muertos, no pudieron decir sus palabras, y nadie ha contado su historia. Ni siquiera con el paso de los lustros, esas mujeres silenciosas, que sacaron adelante a una prole contagiada con el estigma de ser hijo de fusilado, han podido hacerlo. Los represores concluyeron un trabajo magnífico, inyectaron el miedo a una generación y lo contagiaron a la siguiente. Y no solo miedo, en demasiados casos inculcaron la convicción de que los fusilados merecieron el plomo, la muerte y el olvido. Eso le pasó a tu tío por meterse en política; si yo se lo decía, que la política es cosa de las personas de orden. Claro, y de militares, falangistas y curas. ¡Qué coño se habían creído estos exaltados!

A Rosa le decía su madre que no pisara ese patio del cementerio de San Fernando, porque ahí están los fusilados, hija. Pero Rosa sólo veía un patio de tierra albariza. Ni nichos, ni tumbas, ni cruces… ¡que te digo que ahí está el abuelo fusilado, hija! La niña nunca pisó ese patio del cementerio (justo el que hoy estamos levantando) y mientras fue niña tampoco entendió qué era tener un abuelo fusilado. Los victoriosos robaron la memoria de los derrotados y, con ello, su identidad, sus historias y su dignidad…

“...porque sin memoria no hay dignidad, compañero”. Pepe Casado, el de Trigo Tronzado, lo entendió bien.

Y entonces me dicen (como si no se supiera) que en las guerras aflora lo peor del ser humano, y que eso ocurre en un bando y en el otro. Pues claro que sí, hombre. Allí dónde fracasó la sublevación militar —la del 18 de julio de 1936, digo— mataron a sus promotores (falangistas, militares, curas, caciques y personas de orden), como a conejos en desbandada… o ellos o nosotros, pensaron los asesinos de ese lado. Y allí donde triunfó el Glorioso Alzamiento Nacional (como en San Fernando) los fascistas, militares, curas, caciques y personas de orden asesinaron a los republicanos de izquierdas, masones y militares fieles a la República como si fueran escoria humana. Pues claro que en todos los bandos de todas las guerras aflora lo peor del ser humano… pero unos asesinos fueron criminales, como Dios manda, y otros asesinos fueron héroes, como Dios manda. No hay equilibrio en la victoria militar. Cautivo y desarmado el ejército rojo…

Por eso el recurso a la equidistancia entre posturas extremas, como virtud superadora del conflicto civil, es una engañifa porque no equilibra el fiel de la historia. Es una cobardía. Es ponerse de perfil y dejar pasar la injusticia con los ojos cerrados. La equidistancia es dejar a los hundidos en las fosas como si siguieran siendo criminales y mantener encumbrados a sus asesinos… pero, hombre, que hace ya más de ochenta años; dejemos a los muertos en paz… Sí. Los que mataron en nombre de Dios y su Patria fueron héroes, y sus nombres quedaron grabados en mármol en todas las plazas del país. Los otros asesinos, los que fueron puestos en la tesitura de elegir entre ellos o nosotros, fueron lo que fueron, asesinos, y pagaron sus culpas con creces. Ellos, sus familias y sus amigos. Lo pagaron.

Pero no nos desviemos de la cuestión, no estábamos hablando de esos criminales y asesinos, estábamos hablando de fosas y cunetas. Estamos hablando de inocentes asesinados y tirados como animales en esas fosas y cunetas, con sus gargantas atragantadas de historias y sus cráneos atravesados por un 9 mm Largo disparado por un héroe inscrito en la placa de mármol que aún cuelga, como un despojo podrido, en cualquier esquina de mi ciudad. ¿Cómo les explicas a ellos la equidistancia? ¿Cómo le cuentas que no estás con  las víctimas inocentes? Explícales a esos huesos que la virtud está justamente entre ellos y el pelotón de fusilamiento. Díselo: equidistante, entre ellos y los que apuntaron, dispararon y remataron a un inocente. Y luego me lo cuentas.

sábado, 19 de agosto de 2017

Aislar el problema


Pues a servidor le apetece que el muro entre Méjico y USA sea completo. Y que cuando cerquen a cal y canto esa frontera, continúen con la de Canadá. Que cierren al tráfico puertos, aeropuertos y, sobre todo, que bloqueen el flujo de capitales y de ideas racistas hasta que esa Gran Nación bendecida por Dios quede aislada del resto del Orbe. ¡Dios salve América! Es posible que así, los filofascistas que votaron a Donald Trump, se cuezan en su propio jugo. Aislados no molestarían, ni exportarían ese peligroso ejemplo al resto del planeta. Pues así, tras los muros que gustan construir, y sin materias primas externas, sin productos ni capitales ni ideas para exportar… entonces, cuando se conviertan en un obsceno pozo negro, y consuman sus propias tripas, tal vez comprendan que todos pertenecemos al mismo planeta, y que no tienen derecho a esquilmarlo en nombre del "modo de vida americano", porque es una manera perfecta para agotar nuestra única casa común. Pertenecemos a la Tierra; la Tierra no es propiedad del más fuerte ni del que tenga más medios para esquilmarla… la Tierra pertenece a nuestros hijos, y también a los hijos de los patanes rubios.



Ya sé que esto que digo no va a pasar, que los filofascistas no se van a aislar por mucho que digan que América es lo primero… sabemos que lo que gusta a estos abusones es intervenir para robar los bocadillos en el recreo a los débiles que desafíen su liderazgo. La inmensa mayoría de americanos (los del norte, digo) no saben dónde está Cuba, Venezuela ni Corea del Norte… y posiblemente su presidente, tampoco. Pero en nombre del pueblo americano, y en defensa de sus intereses patrios (aviesamente identificados con la libertad universal), se creen con derecho a intervenir en cualquier punto de la Tierra, lo ha dicho Trump y lo han hecho siempre: desplegar una fuerza militar apabullante allí donde su dominio ideológico no ha fructificado. Los imperios de matiz fascista no admiten disidencias. Ninguno de los pueblos desafiantes puede quedar impune. No es que sean especialmente perversos los desafiantes, ese detalle les da igual, es el mal ejemplo lo que no puede quedar sin castigo. 

Posiblemente uno de los mayores peligros para el planeta sea la gente que se cree con derecho a imponer sus intereses en nombre de la libertad (y aquí dejamos fuera a los iluminados que lo que pretenden es imponer su atávica religión). Porque el concepto de libertad que definen, libera a unos pocos y esclaviza económicamente a multitudes. Y resulta que una mayoría de patanes ha elegido, con todas las “garantías aceptadas”, a otro patán, y ahora el planeta está en manos de un irresponsable que se parece mucho a Hitler y Mussolini. Hoy día —en realidad, siempre ha sido así— ganan las elecciones los que mejor las diseñan. No se trata de convencer al votante con ideas y valores, se trata de hacer dos cosas. Primero, diseñar un producto comercial atractivo y, en segundo lugar, venderlo mejor que el adversario, sin importar los medios que se utilicen. Y así la democracia honesta se desmorona desde la base. Así es cómo salen electos patanes en lugar de grandes hombres que peleen por grandes ideas, aunque sean entelequias. Los que ganan las elecciones sólo son garantes de sus patrocinadores y estos sólo buscan el beneficio de unos pocos. El capitalismo y la sacrosanta libertad de los mercados han comprado, a precio de saldo, las democracias en las que creíamos, y han convertido nuestras sociedades en un modelo de desigualdad estructurada y sistémica, en donde es aceptable y de sentido común que unos pocos hombres exploten a muchos hombres.

Si la Revolución Francesa, disolviendo en sangre el Antiguo Régimen, inventó al ciudadano como objeto de derechos y deberes, la sociedad de nuestros días tiene incrustada la desigualdad de los ciudadanos en su propia definición… y me temo que carecemos de herramientas civilizadas para superar esta contradicción. Tal situación de desigualdad no puede durar eternamente. Y si no podemos reformar civilizadamente esta injusticia sistémica ocurrirá de otra manera…

...es la historia.

viernes, 11 de agosto de 2017

Tiro de gracia a corta distancia, en la cabeza


El veinte de julio de 1938 ejecutaron de Los Seis de Grazalema. Eran las cinco menos cuarto de la madrugada cuando el juez se personó en la prisión del Partido Judicial, en el Ayuntamiento de San Fernando (Cádiz), y ordenó que los seis hombres acudieran ante él. Entonces leyó la sentencia: estaban condenados a muerte y serían fusilados al amanecer de ese mismo día. Ramón Vega Román, Francisco Palacios Tornay, Julián Álvarez Calle, Juan Gómez Pérez, Pedro Rincón Román y Diego Román Palma se dieron por enterado… no tenían otra posibilidad.



Siguiendo con el riguroso protocolo de la justicia militar, el juez ordenó «poner en capilla» a los reos. Eran exactamente las cinco de la mañana cuando quedó establecida «en la planta baja del edificio del Ayuntamiento de esta ciudad». Desde ese mismo momento la guardia civil se hizo cargo de los reos y fue entonces cuando los curas les facilitaron lo que llamaban «auxilios de la religión», confesión y eucaristía si lo aceptaban, y todo lo necesario para que hicieran testamento. Ninguno de ellos testó. No tenían qué testar. Luego, la Guardia Civil los condujo hasta el muro oeste del cementerio, en el exterior. En ese lugar esperaba un piquete de carabineros, que serían los encargados de pasarlos por las armas. Acompañaban a estos hombres, en un gesto de macabra camaradería y responsabilidad compartida, fuerzas de marinería, de Infantería de Marina y Falange Española Tradicionalista y de las JONS… todos ellos solidarios espectadores y cómplices del asesinato.

Entonces dispararon los fusiles: «En San Fernando a las seis horas y treinta minutos de día 20 de julio de 1938. Formadas las fuerzas antes mencionadas en el lugar designado, y siendo la hora convenida y puestos los reos en el sitio conveniente dentro del cuadro y frente al piquete, previo el reconciliarse los sentenciados con los sacerdotes, fueron pasados por las armas y reconocidos por el médico designado, Comandante de Sanidad de la Armada, don Alfonso Candela Martín, mayor de edad y de esta vecindad; manifestó que los reos ejecutados habían fallecido…»

Estas muertes fueron consecuencia de una justicia encaminada a castigar con ejemplaridad a cuantos ciudadanos se opusieron a la sublevación militar de 1936. Buscaba exterminar físicamente cualquier atisbo de disidencia, y cuando no condenaba a muerte, castraba socialmente al reo, a su familia y a sus vecinos, hasta dejarlos socialmente inanes y en la ruina. Esta pantomima de justicia fue posible con la complicidad de unos y el miedo de otros. Se sabían impunes —porque para eso se ganan las guerras, para que los vencedores queden impunes—. Socializaron el exterminio “del otro” y normalizaron ese crimen… y el miedo a la disidencia ha permanecido vivo durante dos generaciones de españoles.

No sabemos si los Seis de Grazalema fueron rematados con un tiro de gracia. Las diligencias del juez no lo cita, pero era un gesto frecuente… usaron armas cortas para esta ulterior venganza. En San Fernando, durante el Terror Caliente (entre julio de 1936 y marzo de 1937), fueron falangistas los que disparaban el tiro de gracia. Disparos en la cabeza, a corta distancia, para no fallar y matar definitivamente a la víctima. Usaban balas del calibre 9 mm largo. Cinco de estos casquillos aparecieron en diciembre de 2016, en la Cata Arqueológica nº 5 del cementerio de San Fernando. Algunas de ellas fueron fabricadas en la Pirotécnica de Sevilla, en el año 1930… y las usaron contra hombres moribundos entre agosto y noviembre de 1936…

…pero los criminales no reposan en la fosa común. Los que ordenaban disparar y los que daban el tiro de gracia, fueron considerados «hombres de orden» el resto de sus vidas. Muchos de estos criminales llegaron a ser abuelos bonachones de bigotito blanco y murieron en su cama, rodeados por los suyos y amparados por los auxilios de una religión cómplice.

Mientras sus víctimas siguen en la fría y húmeda fosa…


lunes, 31 de julio de 2017

La patria de María

Este artículo se publicó en La Voz del Sur, el 28 julio 2017

La patria de María es pequeña. Apenas una habitación compartida, cuatro o cinco pasillos y tres salones. Los recorre despacito, aferrada a su bastón, todos los días. Y se le acaba en un sillón, frente al ventanal que da al jardín…

…tal vez por eso se aferra a la patria de su juventud. Entonces era enorme. Estaba convencida de vivir en una patria grande y libre, con una bandera que ondeaba al paso alegre de la paz y cara al sol. Unos símbolos que aún la hacen llorar de emoción. Vibra cuando los legionarios levantan el Cristo de la Buena Muerte y cantan su necrófilo himno; llora cuando las tropas del Tabor de Regulares desfilan con elegante parsimonia y, sobre todo, hipa de emoción cuando ve izar la bandera española en lo alto de cualquier pódium. Son estímulos intensísimos que nos mueven a todos, que nos emociona porque seguramente nos identifica con la pertenencia a una tribu… no sé. Son estímulos que deben ir directamente a no sé cual centro neurológico para provocar tales reacciones emocionales. Seguro que los neurocientíficos van vislumbrando cómo ocurren estas cosas.



La ideología de María es España y su bandera. Es así de sencillo. No hay más a estas alturas y nadie va a cambiar eso. Ni nadie quiere cambiarlo. Ya no entiende muchas cosas María. No entiende, por ejemplo, que los catalanes quieran irse de España (no sabemos en realidad cuántos catalanes quieren irse)…

…pero, mamá, ellos aman a Cataluña como tú amas a España.

Pero no se lo digo. Sólo lo pienso. No lo va a entender porque María lleva su idea de patria y bandera metida en los tuétanos y no concibe otra cosa. Era una niña cuando descargó la Guerra Civil sobre ella; y adolescente cuando acabaron los tiros… pasó poco tiempo en una escuela de monjas y mucho tiempo trabajando en casa. Ser la mayor de ocho hermanos la condenó a ser la criada de todos ellos.

María amamantó a sus hijos con esa patria gris de posguerra sonando a través de Radio Ceuta, EAJ-46. Aquella era una sociedad colonial, clerical y cuartelera. Una conjunción de uniformados y curas que entendían la seguridad como bien supremo, y la libertad como ocasión de pecado. Y, a pesar de todo, a pesar de pertenecer a la parte humilde del pueblo acabó admirando a sus amos, asumiendo sus valores y olvidando su origen… ¡qué cosa tenemos los hombres que acabamos enamorados de nuestros verdugos, los siervos peleando por sus señores y los oprimidos añorando a sus opresores! ¡Cómo coño pasa eso!

La realidad siempre es una construcción subjetiva… hay tantas percepciones como seres humanos. Y todas aceptables si, a su vez, son capaces de aceptar la diversidad. No sé cómo ocurren estas cosas, pero durante la juventud de María, los fascistas que gobernaron España tras la Guerra Civil, objetivaron la realidad, es decir, la convirtieron en una construcción inamovible. Ellos diseñaron una patria propia, a su medida. Una patria a la que, inevitablemente, había que pertenecer por ser español. E hicieron de ella la única ideología posible y aceptable… y a esa patria ideologizada le pusieron una bandera roja y gualda. Los fascismos son así: se apropian de la patria de todos y la convierten en una unidad de destino en lo universal…

Me siento cómodo en España, entre su gente, en sus pueblos. Supongo que si algo soy, es español… pero no siento la bandera, aunque le hayan quitado el aguilucho fascista. Lo más probable es que no tenga razón en lo que voy a decir a continuación… no tengo razones para decirlo, lo que tengo son sentimientos. Los sentimientos se tienen o no se tienen, y apenas se pueden justificar. Y siento que la bandera de la monarquía borbónica española tiene incrustada una enorme cantidad de bandera franquista… Me gustaría amar la bandera, pero no la siento. Y también me incomoda ampararme bajo otras banderas, incluida la republicana… debe ser que las banderas tienen el peligro —que no siempre— de cobijar a grupos de hombres con una idea común y pocas ideas propias… es el peligro de cobijarse bajo ellas, que puede agrisar el pensamiento de cada ciudadano. Puede…

— Claro que sí, mamá. Es una bandera preciosa —le aseguro—. ¡Ya quisieran muchos tener una bandera como la nuestra!

…entonces María entorna los ojos evocando su juventud. Y ve a Miguel de su brazo. ¡Se parecía tanto a Errol Flynn con ese bigotito! Y evoca a su hijo delgadito y frágil subiendo a los pinos. Se ve cosiendo en el salón de la casa mientras en Radio Ceuta, EAJ-46, suena un bolero de Machín…


…es la sencilla patria de María.